SEGUNDA PARTE
CASO 1
La señora N vino a verme a partir de la derivación
de un médico neurólogo que conocía mi trabajo de técnicas manuales. N
había perdido en forma abrupta prácticamente la totalidad de su voz, se
expresaba con un ligero susurro que si uno se acercaba y prestaba
atención podía entender bastante sus palabras, aunque muchas veces la
situación llegaba a tal punto que a pesar de pronunciar sonidos no se
entendía lo que decía y se comunicaba por escrito. N a partir de la
aparición de este cuadro había recorrido prestigiosos
otorrinolaringólogos que habían descartado que su especialidad le podía
dar solución ya que no habían encontrado ninguna alteración en el
aparato de la fonación, por lo que tuvo derivación a neurología donde
luego de varios estudios no se pudo concluir con exactitud que tuviese
daño neurológico.
Si era evidente una gran rigidez en
los músculos del cuello particularmente en los ECOM, su cuello era muy
alargado y su actitud era muy correcta y llamativamente pulcra siendo
una persona muy cultivada y con una buena apertura a entender que lo
físico y lo psicológico interactuaban. En la exploración ya sobre la
camilla no solo experimenté con mis manos la fuerte hipertrofia de ambos
ECOM, sino también la fuerte adherencia de éstos a los planos más
profundos y que toda la musculatura conjunta anterior comprimía la
laringe, lo cual me hacía ver que la fonación se hacía muy difícil por
el bloqueo de ésta, aquello que parecía un susurro no era más que la
expresión de la falta de salida de aire al intentar hablar.
Primero pensé mecánicamente en lo
que estaba ocurriendo y pude observar que como era lógico los músculos
angulares del omóplato también se hallaban rígidos y dada su tracción
mecánica competían en forma antagónica con los ECOM, lo que daba al
cuello el aspecto de un collarín. Otros músculos también se encontraban
rígidos y colaboraban con este cuadro pero no quiero entrar en su
detalle mecánico para no redundar ya que está claro que el problema
siempre se asocia a un bloqueo de la garganta. Como síntomas asociados
observaba algunas ligeras y ocasionales migrañas que eran compatibles
con la rigidez cervical, entendiendo que si aflojaba esa rigidez
muscular producía el despegue de los músculos entre sí y desarticulaba
el bloqueo mecánico entre músculos antagónicos pensé que iba a liberar
la zona y mejorar la fonación, se lo expliqué a N y lo entendió
perfectamente y así avanzamos en el tratamiento.
En las dos primeras sesiones avancé
bastante en el objetivo y sus palabras comenzaron a tomar un sonido más
intenso lo cual nos puso contentos a ambos por lo cual mientras la
atendía podíamos dialogar aún haciendo yo un gran esfuerzo por
escucharla, N me comentó que me había escuchado en algunos medios de
comunicación y sabía que mi trabajo se relacionaba mucho con los estados
emocionales, ahí me di cuenta que siendo N una persona muy intelectual y
reservada ese comentario no buscaba congraciarse conmigo sino que me
estaba dando pie para que le pregunte sobre su problema y si se
relacionaba de alguna manera a algo emocional por lo que le pregunté si
quería contarme algo, a eso sonrió y no me dijo nada.
En la siguiente sesión sabiendo que
se había abierto la puerta de comunicación entre ambos me planteé ser
más directo en cuanto a expresarle que bloqueos musculares de este tipo
en la zona de la garganta generalmente significaban para mí un llanto
contenido, lo que popularmente se conoce como “ nudo en la garganta”, y
se lo expresé tal como lo escribo, cuando N escuchó esto puso cara
pensativa y me dijo que le parecía bastante lógico pero también le
dije que desde mi experiencia profesional esos “nudos en la garganta”,
ahogaban emociones que no podían salir pero que en el caso de ella no
era muy difícil deducir que independientemente de que esté guardando el
llanto de algún sentimiento parecía ser que los músculos ECOM tan
fuertes y desarrollados y adheridos a los planos profundos y bloqueando
la laringe estaban evitando que ella no pudiese hablar por lo tanto
había algo importante que a alguien o a algunos no quería contarles,
aunque su cara no dejó de ser seria hizo cierta sonrisa cómplice, yo
seguí trabajando y noté que comenzó a relajarse lo cual me facilitaba el
trabajo, noté que estaba avanzando rápidamente en el estiramiento y
desbloqueo de la zona con las maniobras que son habituales en mi
trabajo.
Cuando realizo las maniobras en
cualquier paciente y necesito hacer maniobras delicadas de mucha
precisión a modo de favorecer el tacto de los pulpejos de los dedos miro
hacia otro lado o cierro los ojos e imagino la anatomía de lo que estoy
tocando, era esto lo que precisamente estaba haciendo cuando N propinó
un fuerte grito que me sobresaltó ya que estaba concentrado en una
manipulación muy precisa justa sobre la laringe y despegando el ECOM
izquierdo al tiempo que llegué a sentir como éste se soltaba de sus
adherencias a los planos profundos, con gran sorpresa los dos nos
quedamos mirándonos, esto es lo que yo esperaba y lo que ella quería,
saqué las manos de su cuello y le pedí que hablase pero sólo conseguía
que su voz tenga un poco más de fuerza pero ni remotamente se asemejaba
al grito, le dije entonces: N, se dará cuenta entonces que si usted
puede gritar no existe algún daño que le impida hablar, me dijo obvio ,
se hizo un silencio entre los dos y le dije que pensaba que tenía algo
para contar donde se mezclaba el enojo y el odio. N comenzó a lagrimear,
después a llorar de forma intensa por razones de seguridad le pedí que
se siente y que llore todo lo que quiera, cogí afectuosamente su mano y
le dije que no estaba sola. Su llanto era tal que tuve que acercarle una
caja de pañuelos porque su nariz estaba llena de mucosidad y se estaba
manchando la cara, le dije que si su miedo era a no poder parar de
llorar que no lo tenga porque eso no existía, tarde o temprano iba a
detenerse y se iba a sentir mejor, cosa que ocurrió minutos más tarde.
Preferimos dar por terminada la sesión y seguir en la próxima, se
despidió de mi con una notable mejoría en la fuerza de su voz, pensé
como me ocurrió en otros casos que solo había dos posibilidades, o no
venía ella nunca más a verme porque sentía que había llegado muy lejos
y tendría miedo de si misma o que nos estábamos acercándonos al momento
en que me iba a contar lo que le pasaba, de igual forma pensé que se me
estaba facilitando la parte emocional pero que como kinesiólogo no debía
perder el objetivo de la alineación y balanceo de los músculos que
habían producido el cuadro a través de las tensiones musculares crónicas
que contenían los sentimientos de N y que sabía por observación que la
acción de los ECOM bloqueaban la palabra y el llanto.
Afortunadamente N volvió en la
siguiente sesión en el horario pactado y muy puntual, siempre con su
cara seria y su expresión amable, daba la sensación de estar recompuesta
y dar por sentado lo que había ocurrido en forma madura y avanzar en el
tratamiento por lo que se recostó en la camilla mientras le preguntaba
cómo estaba a lo que me contestó mejor y noté que su voz no era tan
fuerte como se había ido pero realmente había una notable mejoría. Le
pregunté ya que había pasado tres días si ella había notado que su voz
ya era más importante me dijo que por supuesto y que le estaba
permitiendo comunicarse mejor con su entorno, le dije entonces casi
bromeando, entonces a lo mejor hoy tendrá ganas de contarme algo. Sabía
que N trabajaba en una entidad religiosa pero nada más, a los pocos
minutos de empezar a trabajar N comenzó a hablar sin cesar, me contó que
había llevado una actividad religiosa profesional durante 40 años y que
hacía muy poco la había abandonado, pero como no podía alejarse de ésta
porque aún le parecía vocacional trabajaba en una entidad civil en
actividades caritativas, le pedí permiso y le dije que si quería no me
respondiera y entonces le pregunté si había una relación entre el
abandono de los hábitos y la pérdida de fuerza en su voz, me contestó
con bastante nerviosismo que esto había ocurrido en forma simultánea,
cuando le quise aclarar que esto no podía ser una casualidad interrumpió
mis palabras diciéndome que sí , ya lo sabía y que le costaba y le dolí
pensar en eso, inmediatamente siguió hablando con la voz bastante firme
y en forma casi verborrágica contándome que había abandonado la
actividad religiosa porque sentía que estaba traicionando las
instituciones que representaba, se hizo un silencio como para que le
pregunte cuál era la traición, preferí callarme, el silencio se prolongó
y N rompió nuevamente en llanto. Comenzó a contarme que desde muy
jovencita había mantenido relaciones homosexuales con una amiga de la
cual estaba enamorada, esta relación se mantuvo por más de 40 años y
recientemente luego de un profundo deterioro de la relación, ella se
enamoró de un joven y mantenía una relación heterosexual, sentía que lo
que había hecho no había estado bien y de eso se trataba la traición de
la que me había hablado inicialmente.
Lo que relato en este caso no lo
cuento para impresionar ni intentar dar un golpe bajo, pero no cuesta
mucho entender que lo planteado por N, no es fácil que la sociedad lo
entienda y la intensidad de los hechos llevaron a N a un silencio
obligado por la incomprensión del entorno. Creo que nadie puede juzgar a
N, pero N se juzgaba a sí misma y su silencio se transformó en una
verdadera prisión para su aparato de fonación a través de la tensión de
los músculos de su garganta.
Si bien los hechos son
absolutamente reales no he entrado en detalles de ambas relaciones de N
porque verdaderamente son más complejas de lo que aún parecen y esto lo
escribo para que se entienda el sufrimiento de esta persona
independientemente de las creencias, criterios y leyes con la que los
distintos sectores sociales puedan juzgar a una persona. De lo que no me
cabe duda es que cuando uno inicia un proceso conciente como en este
caso fue guardar silencio en cuanto a no contarle a nadie se inicia otro
proceso inconciente que a través del sistema nervioso central genera
tensiones musculares que van a tratar de actuar de forma específica en
evitar que ocurra aquello que nos genera tanto miedo, como en el caso de
N, fue guardar silencio.
En otros casos veremos que no
siempre la actitud conciente e inconsciente están tan de acuerdo como en
este caso y a veces las tensiones musculares son las que terminan
contando el problema, pero esto quedará mas claro cuando contemos un
ejemplo con otro caso, particularmente aquellos relacionados con los
dolores de la espalda baja y la voluntad.
Seguramente usted se preguntará
cómo se resolvió la situación de N, ella recuperó un alto porcentaje de
su voz, lo cual le hizo una vida casi normal en cuanto a comunicarse y
en eso consistía mi trabajo de kinesiólogo, le sugerí a N un tratamiento
de psicoterapia para poder resolver el desencuentro de sus sentimientos,
dijo que lo pensaría , no se si lo realizó ni supe más de ella.
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