PRIMERA PARTE
LA
ARTICULACIÓN DEL QUIEBRE DE LA VOLUNTAD
Cabe recordar, que muchos de los
términos que a continuación se han de expresar en este capítulo y los
siguientes, pueden ofrecer cierta dificultad al lector neófito pero
interesado en estos temas, por lo que en todo momento, se tratará de
hacer una descripción completa y detallada, aplicando la mayor cantidad
de conceptos que ayuden a entender los procesos anatómicos y
fisiológicos a fin de facilitar al lector su comprensión.
Si bien este no es un libro
dirigido a profesionales de la salud en forma de texto, seguramente le
va a ser útil a kinesiólogos, quiropractas, osteópatas, psicólogos,
fisioterapeutas y médicos interesados en la materia, a todos estos, les
pido comprensión en lo que puede parecer una redundancia gramatical, ya
que es necesaria para el que se inicia en el tema.
La experiencia que me brinda 20
años de profesión, me permitió atender miles de pacientes con lumbalgias
o lumbociáticas, donde gran parte de estos se presentaban con un
diagnóstico de hernia de disco, corroborado por estudios de reciente
tecnología, como la tomografía axial computarizada (TAC) o resonancia
magnética nuclear.
Muchos de estos tenían sugerida la
cirugía como opción terapéutica y se los ha podido resolver evitando
esta, a través de una técnica manual efectiva basada en alinear las
estructuras corporales y a partir de esto la descompresión de las
articulaciones por medio de la liberación de las tensiones que producían
el desajuste de la postura del cuerpo.
Es importante seguir el delgado
hilo conductor que une las emociones con la mecánica corporal, por lo
que a partir de aquí, explicaré en la articulación sacro-ilíaca a la
que me gusta llamar la “articulación de la voluntad”, cómo los músculos,
ligamentos, huesos y fascias musculares se ven sobrecargados de tensión
en este punto generando la lesión de esta articulación, a partir de la
influencia de los sentimientos que promueven un aumento del tono
muscular y el desajuste en este lugar determinado del cuerpo.
Datos filogenéticos ( aprendizaje a
partir de la evolución de la especie):
El hombre cuando comenzó a
abandonar la cuadrupedia hace más de 4 millones de años, transitó un
período de semi erección cuya postura era similar a la que hoy conocemos
del gorila.
Una huella de esto, que aún
pasados tantos años podemos ver, es que si cerramos los puños como un
boxeador los dos primeros nudillos son bastante más grandes y salientes
porque nos servían como apoyo cuando ya las manos constituídas como
tales debían ayudarnos en la marcha, si bien hoy no marchamos con ese
apoyo nos queda esa huella en el cuerpo como muestra irrefutable de que
hemos pasado por ese estadío.
Todos hemos visto alguna vez un
gorila, aunque no sea en forma directa, y observamos que la zona
glútea está importantemente desarrollada. En esa etapa de homínido
semi erecto, poseían un gran y único glúteo , que hoy dada la
especialización que dio la bipedestación y marcha en el hombre actual,
ese gran glúteo se convirtió en tres, mayor, medio y anterior, lo que
nos permite un andar equilibrado y más económico.
Este andar sincroniza las
acciones simultáneas de los tres músculos a ambos lados de las caderas y
evita los característicos vaivenes de la marcha del gorila.
La alta especialización a través
de cientos de miles de años, sirve para explicar desde la paleonto
biomecánica la importancia del glúteo como motor principal en la
erección del hombre hacia la bipedestación, porque no solo nos levantó
este músculo desde la cuadrupedia hasta la bipedestación, sino que se
especializó para el confort y economía de la marcha.
La importancia, entonces, del
glúteo reside en haber sido capaz de haber tomado punto fijo en el hueso
fémur y desde ahí llevar la pelvis hacia atrás desde su otro punto e
inserción en el hueso ilíaco de la pelvis, haciendo eje en la
articulación coxofemoral, conocida por todos como articulación de la
cadera ( para mayor entendimiento articulación que une la pelvis con el
miembro inferior).
Al llevar la pelvis hacia atrás
arrastró a la columna vertebral hacia una posición que se orientaba
perpendicular a la línea del suelo, por lo que los músculos
paravertebrales que en la anatomía actual, se describen en muchos haces
especializados, en cortos medianos y largos, siendo cada grupo de estos,
hoy músculos independientes en si mismos que actúan en conjunto con el
fin de mantener la erección de la columna vertebral, ya que la
especialización a través de tantos millones de años, ha hecho de una
gran masa muscular alargada que comenzó paralela a la línea del suelo y
que fue pasando por todos los ángulos posibles hasta quedar totalmente
perpendicular, hizo que esos distintos haces de la gran masa se fueran
especializando para que estos pudieran cumplir con el objetivo final de
lo que hoy conocemos como la lucha antigravitatoria. Como ley básica
dela biomecánica los haces cortos se especializaron en la función de
sostén de los segmentos formados por las 34-35 vértebras ( según
diferentes anatomistas), y sus discos correspondientes en el caso de que
no sean vértebras fusionadas como el caso del sacro y el coxis que son
vértebras que se fusionaron a fin de resolver un problema estático que
se generó en la conformación anatómica del anillo pélvico desde muchos
millones de años antes, cuando pasamos de reptiles a cuadrúpedos. Los
haces medianos y largos son los que dieron movilidad a la columna, a
mayor longitud mayor dinámica, a menor longitud mayor fuerza, sugiero a
aquellos que quieran profundizar en el conocimiento puntual de la
anatomía descriptiva de estos músculos leer a alguno o ambos autores de
los textos que realizaron Testut por su lado y Rouviere por el otro,
ya que sería engorroso en este libro detallar nombres, inserciones, etc
a los fines prácticos que este texto busca.
Resumiendo, sabemos que los glúteos
giraron la pelvis de tal forma que dejaron la columna perpendicular al
suelo y los espinales sostienen ahora la columna vertebral en posición
erecta.
En cuanto al miembro inferior los
músculos isquiotibiales colaboraron con los glúteos dada su inserción
superior en la pelvis, por delante el gran cuádriceps extendió la
rodilla, mientras los músculos de la pantorrilla extendieron el tobillo.
En relación a los músculos propios
de la nuca que ayudaron a los espinales a colocar la caja craneal con
la mirada puesta en el horizonte, me referiré en el capítulo
correspondiente a cabeza y cuello..
Ahora que ya tenemos al hombre de
pie tal como lo conocemos hoy, al tiempo que sabemos a muy grandes
rasgos cuáles son los músculos que se encadenaron para lograrlo, vamos a
plantear qué emociones se asientan en estos músculos y cómo la
articulación sacroilíaca se transformó en el punto débil de la posición
erecta y su dolor nos infiere que algo nos está pasando con la voluntad.
Los músculos espinales son músculos
que en los mamíferos ya sean cuadrúpedos o erectos o de tránsito en
ambas posiciones como el mono, son músculos que se tensionan
notablemente frente a situaciones de peligro y agresividad, esto se
denota con claridad en los animales que tienen pelo y podemos tomar un
ejemplo que seguramente todos han visto, que es el del gato o el perro
que ante una situación de peligro o de ataque se le erectan los pelos de
su lomo, si bien esto le sirve para impresionar a su adversario, a
nosotros nos da la referencia de que los músculos subyacentes se
encuentran en una tensión muy elevada, expresando un sentimiento de
miedo o agresividad o ambas cosas. En definitiva son las dos caras de
una misma moneda, ante una situación de peligro se intenta huir, pero si
en esa huída el animal queda acorralado atacará, por lo que los músculos
espinales son los músculos del miedo y la agresividad, como quedó
demostrado, porque frente al peligro o al ataque son capaces de
tensionarse a tal punto que en los mamíferos con pelo, estos se erectan
para acompañar la reacción.
Como el ser humano hoy carece de
pelo duro y sólo tiene vello, esta reacción solo es palpable en la
musculatura espinal , de cualquier manera el dicho, “se me ponen los
pelos de punta”, refleja esta situación desde la sabiduría popular que
si bien carece de metodología científica nadie le puede negar los años
de observación, si bien es cierto que los pelos se erectan por el
músculo propio del bulbo capilar a estos les corresponden el mismo
dermatoma ( conjunto de piel y músculos correspondientes a un mismo
nervio) que los músculos espinales.
Los músculos espinales nacen en la
parte inferior en una zona denominada masa común que abarca todo el
hueso sacro y las inserciones superiores terminan en las vértebras
cervicales y la base del cráneo ( occipital), ante una situación que
nos genera estrés, mezcla de miedo y agresividad, que de acuerdo al
carácter de las personas, un sentimiento puede ocultar al otro pero
nunca actuar por separado, nuestros músculos espinales se tensionan
fuertemente llevando la pelvis hacia atrás, aumentando la curvatura
lumbar y echando ligeramente la cabeza hacia atrás, por lo que acortamos
la distancia entre la pelvis y la caja craneal, aunque sea en forma poco
perceptible.
Esto significa compresión de todos
los elementos que conforman la columna vertebral incluidos obviamente
los músculos.
No hace falta que tengamos en la
cultura que vivimos hoy un gran peligro por delante para que genere esta
situación, solamente con salir a la calle desde nuestro hogar y
encontrarnos en la vorágine de una ciudad agitada, llena de ruidos y con
personas ensimismadas, comienza a transmitirse aumento del tono
muscular en la zona espinal, que se va a potenciar con los pensamientos
cotidianos que llevamos en nuestra mente, que son los problemas a
resolver cada día y que con el correr de la horas irá aumentando esa
tensión, y que cuando lo problemas se dificultan en resolver volveremos
a nuestros hogares con el estrés en los músculos.
Entonces, como le pasa a la gran
mayoría de la gente, no podremos relajarnos adecuadamente porque
seguiremos con las actividades de nuestra casa y pensando como el día de
mañana resolveremos los problemas que no resolvimos hoy , nuestro
descanso será pobre y el día siguiente estaremos nuevamente en la calle
viviendo lo que acabamos de describir otra vez, por lo que esta cultura
cuyo icono y norte es el éxito parece ser que hace vivir a la mayoría de
sus integrantes en tensión los 365 días del año y las 24 horas del día.
Esta situación que acabo de
describir de los músculos espinales, ocurre en la mayoría de los
músculos, pero como los músculos espinales tienen el valor real y
simbólico en lo primero, mantenernos erectos, y en lo segundo, erguidos
ante la vida, transita a través de ellos algo descripto como el reflejo
de la agresividad, entendiendo por agresividad en un extremo, el ir
a......, buscarnos la vida, ganarnos el sustento, conseguir nuestros
logros y en el otro extremo la agresión desmedida que como los animales
nos puede poner los pelos de punta y ser capaces de lastimar material o
simbólicamente a quien se nos ponga en el medio de nuestros objetivos,
por otro lado si la realidad nos vence el reflejo de la agresividad
decaerá y perderemos tonicidad sobre nuestros músculos espinales y
veremos la típica actitud del “derrotado”, con su dorso doblado y su
cabeza caída que también nos lleva a pensar en la postura de la persona
deprimida, muchas veces la derrota se asocia a la depresión pero no
necesariamente siempre la depresión es derrota.
El reflejo de agresividad, como
todo reflejo es la respuesta a un estímulo, alguna vez el estímulo para
el hombre empezó con la sensación de hambre y a partir de esta, salir a
buscar comida, siendo la comida generalmente otro animal que dentro de
las posibilidades físicas podía cazar, ningún animal en el reino sale a
cazar otro que esté fuera de sus alcance, en otro caso veremos otro
animal mas pequeño defenderse de uno más grande, pero nunca vamos a ver
a un ciervo perseguir a un león para comérselo.
El hombre persiguió a sus víctimas
por una necesidad básica de supervivencia, ya habiendo podido lograr la
posición erecta contaba con poderosos miembros inferiores para correr y
saltar y sus brazos y manos para atrapar y luego cargar el preciado
tesoro para compartirlo con sus congéneres. Cuando el hombre primitivo
acorralaba un animal colocaba en fuerte tensión sus músculos glúteos e
isquiotibiales, para llevar la pelvis hacia atrás los espinales
producían un arqueo posterior de la columna y fundamentalmente los
músculos de la nuca ya sea los espinales o los propios del cuello
echaban hacia atrás la cabeza para cobrar impulso y asestar fuertemente
sus dientes sobre la carne de la presa, finalmente cerrar poderosamente
la mandíbula con los músculos masticadores y ayudarse con las manos
para matar al animal.
Sin duda esto conllevaba una fuerte
descarga de adrenalina que producía una alta excitabilidad del sistema
nervioso centra, que se descargaba fundamentalmente en toda la
musculatura descripta y como por aquel entonces la caja craneal tenía un
diámetro antero posterior bastante más grande que el que tenemos ahora,
la mandíbula era mucho más grande lo cual la hacía el arma principal de
caza del hombre. En la medida que el hombre fue desarrollando su
inteligencia y creó armas como lanzas, arco, flechas fue dejando de
necesitar la boca como elemento mortífero y se restringió al proceso de
la masticación pero como también descubrió la forma de crear el fuego
pudo cocer la carne la cual era más blanda a la hora de masticar, estos
elementos produjeron un retroceso en el diámetro antero posterior de la
cabeza hasta llegar a la forma actual de la caja craneal, donde nuestra
mandíbula es mucho más pequeña y se destaca la diferencia frente a la
fuerte protusión que había en aquella época.
Tengamos en cuenta que este
proceso que se describe en unas pocas líneas llevó miles y miles de años
por lo que el resabio de la tensión muscular en el reflejo de
agresividad recorre fundamentalmente desde la zona glútea, músculos
espinales, músculos propios de la nuca y cuello y masticadores.
Volviendo a la vida de hoy y
retomando lo antes dicho, cuando digo que ningún animal pequeño sale a
cazar uno grande para satisfacer su necesidad no hace falta ser muy
lúcido para buscar ejemplos en la vida cotidiana, porque está claro que
el león es el que persigue al ciervo, cuando nos encontramos frente a un
problema, nuestros glúteos se contraen, actitud que no sólo está
relacionada como se dijo antes con la agresividad, que en este caso
sería mantener erguida la pelvis, sino que también la compresión de los
glúteos va acompañada con una fuerte tensión del esfínter anal y todos
sabemos la relación que hay entre defecar y el miedo, ante situaciones
de profundo disgusto y estrés son comunes las diarreas o simplemente las
ganas de excretar, tan común es esto que en cualquier idioma existe el
dicho popular que refiere “fruncir el c........” o el “c.....de miedo”,
como ya veremos en otros capítulos todos los dichos populares con
respecto al cuerpo obedecen a simples sensaciones corporales, el nudo en
la garganta, el nudo en el estómago, me ahogo ( y no falta el aire),
fruncirse, etc, etc, pero lo que me interesa destacar es la relación
miedo- agresividad, como se dijo antes como las dos caras de la misma
moneda, estoy agresivo porque tengo miedo y tengo miedo porque algo me
puede pasar.
Los músculos espinales son más
agresivos porque revelan una posición de ataque tanto en lo real, porque
pone el cuerpo en forma funcional para la descarga de la posible
violencia corporal, como pueden simular una posición que amedrenta al
posible enemigo.
Si bien todo esto hoy en la vida
cotidiana donde la violencia subyace en cada uno de los actos que
realizamos en forma simbólica. Donde podemos mantener una conversación
de negocios y lo que está en juego son hechos abstractos y difícilmente
termine en un intercambio de golpes, no podemos evitar la tensión
agresiva que transita por nuestro cuerpo y que hemos heredado de
nuestros antepasados.
Todos sabemos que luego de una
jornada tensa sentimos un agotamiento muscular en la zona de la espalda
y el cuello que no se condice con la realidad de haber estado sentado y
no haber realizado grandes movimientos, es la contracción permanente y
sostenida la que nos agota y consume energías. Cuando nos vamos a
dormir luego de este tipo de jornadas, que cada vez son más habituales,
dormimos con los dientes apretados, esto se llama bruxismo, que también
ocurre en muchas personas no solo al dormir sino también durante el día
( a esto nos referiremos con más detalle en el capítulo de cuello y caja
craneal) y sentimos que al intentar abrir la boca una gran tensión en
los músculos masticadores, que no es más que el viejo reflejo de morder
como una forma de ataque, que hoy lo contenemos de una manera conciente
y madura, ya que en los niños de muy corta edad el morder es una forma
de juego y de expresión cuando están enojados. Resumiendo entonces, una
corriente de tensión muscular transita desde nuestros glúteos todos los
músculos de nuestra columna vertebral en mayor o menor grado de acuerdo
a las circunstancias y la personalidad del individuo frente a los hechos
cotidianos de la vida que significan ganarnos el sustento o abrirnos
paso dentro de la sociedad que no es ni mas ni menos, que la
representación actual de aquel hombre primitivo que corría a su presa
para satisfacer el hambre de él y de los suyos. Esos antiguos hombres
actuaban en forma gregaria o sea en grupos y luego repartían el alimento
obtenido con el resto de su grupo de pertenencia que los esperaba en su
morada, por lo tanto el hombre de hoy y su remoto antepasado sigue
peleando por lo mismo, lo único es que han cambiado las formas y los
valores materiales.
Surgirá la pregunta si el hombre
prehistórico se contracturaba y la respuesta es sencilla, aquel hacía un
gran gasto físico para obtener su sustento, descargaba sin ninguna
piedad toda su agresividad y por último disfrutaba de su logro
satisfaciendo su necesidad básica, hoy somos absolutamente
intelectuales, contenemos la agresividad, nos movemos poco y nuestras
necesidades básicas están sobredimensionadas en lo material y no se
limitan a calmar simplemente el hambre como sensación fisiológica sino
como necesidad de estatus social, por lo que la contención de la
agresividad en algunos casos se libera a través del abuso de poder,( en
cualquiera de sus formas), el resentimiento a los superiores, o
simplemente la agresividad que se dispara diariamente en el trato
cotidiano de las ciudades modernas, esto siempre refiriéndose al hombre
común de todos los días, sin entrar en la violencia criminal que ya es
moneda corriente en las grandes urbes y se transforma en uno de los
puntos de mayor reclamo de los ciudadanos a los políticos en la inmensa
mayoría de los países.
Como ya dije en mi anterior libro
Dolores Corporales las tensiones de los músculos que rodean a la
articulación sacroilíaca le juegan a esta una trampa de tal suerte que
la resultante de la dirección de las fuerzas de las distintas cadenas
musculares, termina provocando sobre esta articulación un desajuste que
tensiona y hasta disloca (milimétricamente hablando), a la conjunción
del hueso sacro con el iliaco en donde se interpone un fuerte ligamento,
el más grande e inervado del cuerpo, es un ligamento de aproximadamente
casi 1cm de grosor y unos 10cm2 de superficie ( para una persona de
1,70m), semejante tamaño nos indica que la anatomía ha reconocido en
este lugar un punto de altísimo sacrificio mecánico. Sin querer entrar
en una explicación académica (para eso ver Alteraciones Biomecánicas,
Ariel Joselovsky, 1992), utilizaré una explicación sencilla pero clara
de la guerra de tensiones musculares que se produce.
Los espinales, al producirse la
tensión de la que hemos estado hablando hasta ahora, impulsan a la
totalidad del hueso sacro hacia arriba y hacia atrás, tomando como
referencia el extremo inferior de este, cosa que realizan con muchísimos
kilos de potencia que como se vio en el reflejo de agresividad, lo hacen
en forma sostenida, mientras este dure, al tiempo que los glúteos
mayores toman el alerón pélvico (coxal) y lo llevan hacia atrás y hacia
abajo, tomando como referencia el extremo superior de este. Esto produce
un movimiento inverso de ambas piezas óseas que virtualmente intenta
retorcer al ligamento, ya que el eje del intento de giro pasa por el
centro de la articulación, por lo que el ligamento sufre tensiones
internas en sentidos contrarios, la parte del ligamento que se inserta
en el sacro lo acompaña hacia arriba y hacia atrás y la parte más
externa del ligamento que se inserta en el hueso iliaco, hace lo
contrario yendo hacia abajo y hacia delante por su parte inferior.
Obviamente el desplazamiento es mínimo y las fibras que van de un
extremo de un hueso al otro insisto se retuercen como si fuera un
trapo,(la figura de retorcerse sobre si mismo como el trapo es la forma
más gráfica de entender lo que le ocurre al ligamento), lógicamente en
movimientos que están por debajo del milímetro, pero son lo
suficientemente intensos para que un ligamento con terminaciones
nerviosas por doquier, genere un intensísimo dolor cuando sobre esta
situación de la que venimos hablando, un mal movimiento, por ejemplo
agacharse, sobrepasa los límites de tensión y estalla la crisis, en la
conocida situación donde la persona no puede volver a incorporarse e
instintivamente coloca la mano sobre la articulación. A este juego de
músculos hay que sumarle otros importantes como los conocidos músculos
isquiotibiales ubicados en la parte posterior del muslo, que desde el
punto de vista de las tensiones emocionales juegan un papel similar al
del glúteo mayor en cuanto a la expresión de miedo, poniendo rígida la
articulación de la cadera en su parte posterior y traccionando del hueso
coxal desde un sector llamado isquion ( esa punta ósea que nos podemos
palpar cuando presionamos nuestra nalga en su centro).
La tracción de los isquiotibiales
desde el isquion favorece la acción de llevar hacia abajo el alerón
pélvico y bloquear la rodilla hacia atrás, un ejemplo de la tensión que
reside en estos músculos es lo fácil de ver en la mayoría de la gente
cuánto le cuesta tocarse la punta de los dedos de los pies con las manos
con las rodillas extendidas y cómo pareciesen romperse. Precisamente
esto es lo que dice la persona que produce una sacroileítis , o sea, la
inflamación del ligamento sacroilíaco, que al realizar el movimiento que
desencadena el dolor lo acompaña con un “me rompí la cintura” y se le
atribuye al movimiento final toda la culpa de la lesión ,siendo solo
éste la gota que rebalsó el vaso, ya que el proceso aconteció durante
meses o años de una vida en permanente tensión y la articulación dijo
basta.
Siempre que ha llegado un paciente
a mi consulta en estas circunstancias dolorosas luego de hacer la
inspección corporal correspondiente donde palpo la tensión desmedida de
los músculos, la inflamación y proceso fibrosos del ligamento
sacroilíaco y otros elementos de valor semiológico que no son de interés
en este libro, me preocupo rápidamente por su estado emocional y a
través de años de trabajo no he encontrado a alguien donde su situación
personal no atravesase una crisis de larga o mediata data. Ya veremos en
los próximos capítulos, casos de ejemplos descriptivos de esta
situación.
Para terminar si los glúteos,
isquiotibiales y espinales fueron los responsables de colocar al hombre
en posición bípeda a través de un esfuerzo de trabajo de cientos de
miles de años, es lógico que hubo una voluntad de la especie por
alcanzar esta postura, la parte superior de nuestro cuerpo se apoya en
el hueso sacro una vez erectos , éste anatómicamente se apoya en los
huesos iliacos a través e un sistema mecánico brillante, como toda
nuestra anatomía, que es una doble cuña , que absorbe peso hacia abajo y
hacia delante , en el espacio que le conforman los dos huesos iliacos
y le permiten absorber la fuerza que desciende hasta ahí desde la
cabeza hasta la última vértebra lumbar , esto implicaría todo el peso
del cuerpo menos los miembros inferiores, más la implicancia de la
acción de la gravedad, a partir de ahí se divide hacia ambos lados del
hueso atravesando las articulaciones sacroilíacas para luego descender
por los miembros inferiores hasta llegar al suelo.
Claro que cuando las tensiones
musculares alteran la posición del sacro, este produce un
microdesplazamiento dentro de la doble cuña, por lo que entonces la
articulación sacroilíaca sin el efecto mecánico descripto ahora
alterado, es sometida a una gran presión en la posición erecta
,resintiéndose ambos ligamentos principalmente uno de ellos en función
hacia dónde se haya micro desplazado el sacro, y esa será la
articulación altamente dolorosa.
Cuando las tensiones musculares
son exageradas en forma permanente por los sentimientos provocados por
el reflejo de agresividad y miedo en reacción ante el mundo exterior, es
en esta articulación donde se descarga la tensión de la voluntad que
hay que poner para sobrevivir en esta cultura cuyo icono es la lucha por
la obtención del sustento para la inmensa mayoría de la gente, pero
cuando gran parte lo alcanza, parece que no le sirve y sigue por más,
incentivado por la misma cultura en que vivimos y ninguno se siente
exento de hasta dónde queremos llegar en la búsqueda del éxito y la
posesión de bienes y el miedo que nos produce la pérdida de éstos, que
nos retrotrae a la fantasía de quedar fuera del sistema y no tener para
el sustento y debemos reconocer que el sistema expulsa y quita el
sustento a muchísima gente , no hay dudas que para vivir hay que poner
mucha voluntad y permítaseme abusar de los dichos populares “ hay que
estar de pie para la lucha”.
Creo que esto deja claramente
explicado porqué la articulación sacrolilíaca es la articulación de la
voluntad y cuando el dolor se expresa en ella nos indica que ya no
podemos más o debemos parar , y cito como ejemplo exultante que la
primera causa de ausentismo laboral en el mundo desde hace muchas
décadas, año tras año, es el dolor lumbar ( no se tienen estadísticas de
los millones de mujeres que trabajan en sus casas y se ven afectadas por
este problema en las mismas circunstancias y tienen la vital tarea de
llevar adelante un hogar).
Un correcto diagnóstico de esto,
nos lleva a que la mayoría de los dolores lumbociáticos se han
originado en esta articulación y su desajuste estructural por todo la
antes expresado.
Si nos preguntamos porqué los
diagnósticos sobre las lumbalgias han sido siempre tan erráticos, es
porque están en concordancia con la errática situación del hombre y su
espíritu en los tiempos que vivimos, el célebre Charles Chaplin que
siempre se adelantó con su pensamiento , hace muchísimas décadas
parodió la situación de la falta de concordancia entre el trabajo y las
reales necesidades en la película Tiempos Modernos.
Para reforzar la relación mecánica
con los sentimientos en el contexto de la sociedad en que vivimos,
quisiera hacer una reflexión, en la sacroileítis el hueso que se micro
desplaza a través de las tensiones producidas por los músculos que
expresan sentimientos de miedo, voluntad y agresividad se llama sacro y
sacro significa vida, la simbólica alteración de nuestra vida se
materializa en ese microdesplazamiento.
Para ser razonables este
microdesplazamiento se soluciona con una manipulación suave, sutil y
precisa, pero esto no solucionará nuestra vida, a la maniobra se la
acompaña con técnicas de acomodación estructural de los músculos que
produjeron el hecho y la eliminación de las tensiones que en ellos
existía, esto quita el dolor y hace “funcional” a la persona, pero si
esta no comprende cómo se llegó a la patología, no podremos decir que se
haya solucionado el problema en su plenitud..
En los casos atendidos por mí, que
se exponen en este libro se puede ver graficada esta situación.
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