PRINCIPIOS
BÁSICOS Y ELEMENTALES DE LAS ALTERACIONES POSTURALES EN RELACIÓN AL
CONOCIMIENTO DE NUESTRO
PROPIO CUERPO
Se habla mucho acerca del estrés, pero no
siempre es bien comprendido que las presiones sociales y la falta de
conciencia del propio cuerpo provocan la aparición espontánea de dolores
que se presentan como síntomas de que algo anda mal en una persona.
Un disgusto se puede transformar en un
fuerte dolor de cuello o espalda que reemplazará al problema original y
demorará la resolución de aquél. Es decir que no debe pensarse que las
tensiones musculares son una simple contracción del músculo (ver
artículo 3 en esta misma web).
Es importante tener en cuenta que, en los
meses de vida intrauterina el feto nunca se diferencia de la madre (
esto sólo ocurre durante los primeros años de vida). El feto habita un
mundo acuoso al que percibe a través de su cuerpo, por intermedio de la
piel y los músculos.
Una vez desarrollados éstos, constituyen
su principal medio de comunicación y las sensaciones corporales se
transforman en su forma primaria de intercambio. Esta relación se pone
de manifiesto más claramente luego del nacimiento, cuando el bebé siente
la división con aquella totalidad: su madre. Un ejemplo sencillo de esta
situación es el hecho de que sólo se calma la angustia del recién nacido
con el contacto del cuerpo de quien consideraba su parte total, así
comienza a establecerse un diálogo tónico entre las tensiones
corporales de ambos cuerpos.
Siguiendo con ejemplos sencillos, este
intercambio de tensiones musculares como forma de diálogo es extensivo
en los meses siguientes al padre y a los familiares cercanos, es común
observar cómo el bebé se tensiona o llora en los brazos de un
desconocido. Con el correr del tiempo se produce la comunicación visual
y la auditiva, y las tensiones musculares se transforman en gestos
expresivos a través de la cara y los brazos, hasta desarrollar la forma
más sofisticada de comunicación que tenemos los seres humanos, que es el
lenguaje verbal, el que nos caracteriza como un ser superior con
respecto a los demás seres vivos.
A pesar de esto, las tensiones musculares
(tono), siempre estarán presentes en nuestro cuerpo como forma primitiva
de comunicación. Aquí entonces, estamos en presencia del lenguaje
corporal, que caracteriza a las distintas razas y más aún, a cada
persona. Las expresiones –del rostro- de alegría o de tristeza y la
postura deprimida o excitada son realizadas exclusivamente con el tono
muscular. Es necesario saber entonces que, todo movimiento consta de dos
etapas simultáneas, una es la “tónica”, que le imprime al cuerpo un
mínimo de tensión muscular que es necesaria para realizar la segunda
etapa de la contracción, llamada “fásica”. Esta última cosiste en el
desplazamiento de los segmentos corporales apoyados en una estructura
postural sostenida por el tono.
Existen expresiones que forman parte del
folklore popular y están directamente ligadas a la tónica de dicha
estructura, por ejemplo: “sacar el pecho ante la adversidad”, “bajar la
cabeza”, “el miedo le aflojó las rodillas”, “es un tipo tenso” o
“necesito relajarme”. Estas expresiones populares no significan otra
cosa que diferentes estados de tensión muscular. Todos los estados
emocionales se expresan a través de los músculos, de manera que
deberíamos considerarlos como órganos de expresión.
La acumulación de tensiones expresivas
lleva a través de los años, a tallar nuestro cuerpo no sólo a nivel mio-fascial
sino también, a modificar los ejes de nuestros huesos y la consistencia
de los cartílagos, y otorgarle rigidez o flexibilidad a los ligamentos y
tendones. La falta de conciencia del propio cuerpo debido a una mala
explotación de todo el potencial de desarrollo de movimiento que este
tiene y que se debe a una mala educación psicomotríz que comienza a una
edad muy temprana donde el cuerpo se transforma en un instrumento para
la ejecución de las tares que solo son trascendentes en la cultura en
que se desarrolla, por lo que las rigideces del cuerpo podrán denotar el
origen de dónde se ha criado cada individuo, una persona que ha crecido
y se ha desarrollado alrededor de las tareas del campo, no sufrirá los
mismos males corporales que aquel que ha vivido su infancia y madurez en
una gran urbe que le promueve mayoritariamente trabajos sedentarios
basados en el intelecto y la prescindibilidad del movimiento corporal.
De esta manera no estoy diciendo que uno sea mejor que el otro, es muy
probable que el hombre de campo desarrolle la fuerza y ciertas
habilidades motrices propias de su ámbito, pero puede ser una persona
proclive a lesiones de columna, en particular de la zona baja, ya que
las mismas habilidades que desarrolló hacen víctima a la columna
vertebral de un excesivo tono en los músculos espinales y de los
músculos pélvicos que se han preparado para soportar cargas
extracorporales y el sometimiento del cuerpo a posiciones viciosas
basadas en la auto-violencia corporal, ejemplo: andar a caballo, arriar
animales, posiciones fijas y forzadas durante horas como en el
levantamiento de una cosecha, etc, etc. Este es un ejemplo donde se
denota al cuerpo como una máquina para ciertas tareas reiterativas que
cuando se prolongan en los años dan por resultado la pérdida del
desarrollo de otras habilidades psicomotrices que nunca fueron
estimuladas .
Por su parte, la rigidez del cuello
denota cómo ha ido perdiendo la flexibilidad y entre otras cosas la
capacidad de girar e inclinarse hacia delante y hacia atrás sin
esfuerzo, cosa que ocurre tanto en el hombre de campo como en el de
ciudad. Este último, ya desde pequeño desarrolla su vida alrededor de
una silla, donde puede pasar más de un tercio de las horas del día y con
sus ojos y las manos expresa su actividad intelectual, prescindiendo del
resto del cuerpo. Con el tiempo éste parece volverse un elemento
molesto ya que el cuello se halla tieso, la zona lumbar sobrecargada, no
hay que olvidarse que en la posición sedente la columna lumbar invierte
su lordosis fisiológica normal y con esto desaparece la capacidad de
amortiguación de peso que esta promueve, con lo que la descarga en los
últimos discos se triplica en relación en cuanto esta curva existe, que
a su vez debe ser multiplicada por el tiempo en el que se permanece en
posición, a esto se lo llama peso acumulativo, que a diferencia de las
tareas, por ejemplo, campestres donde se puede levantar una gran
cantidad de peso en una unidad de tiempo corta, aquí el mismo peso
corporal multiplicado por el tiempo de duración de la mala postura puede
lastimar de igual forma o lo que es peor lastimar aún más. Las rigideces
de las fijaciones de las posturas nuevamente tomando el cuerpo como
instrumento para tareas repetitivas que promueven las costumbres del
ámbito donde la persona se desarrolla.
La vida ciudadana no se limita solamente a
los sedentarios, pensemos también qué pasa con las rodillas de una
azafata de vuelo luego de muchos años, los pies de un custodio, la
cintura de un hostelero, las caderas de un taxista, etc, etc.
Pruebe usted, en este momento llevar su
mentón hacia la parte superior del pecho y observará cuánta tensión
tiene su cuello. ¿Es realmente necesaria?. Seguramente no, pero usted no
puede dominarlo. La vida moderna cargada de presiones por la búsqueda
del éxito y por miedo al fracaso nos lleva a estar muy atentos al
funcionamiento del mundo exterior y desatentos a las necesidades de
nuestro cuerpo.
¿Para qué es usted más hábil?¿para
agacharse en posición de cuclillas o para estacionar su automóvil?.
Recordemos que la posición de cuclillas es la forma más natural de
estacionar nuestro cuerpo en la tierra para reflexionar o descansar.
Pero a partir del invento de la silla hemos abandonado esta posición y
hoy nos es imposible realizarla, porque nuestros músculos ya no están
adaptados a tanta flexibilidad ( lo natural era la flexibilidad que daba
la posición de cuclillas).....Esta es la posición ideal para elongar la
parte inferior de la espalda y la región de los glúteos, ya que sus
músculos siempre se hallan tensos, porque cuando uno está de pie o
camina, participan de modo muy importante.
Vivimos ya la revolución industrial y el
estallido de la tecnología ha cambiado definitivamente la cultura de las
posturas de los seres humanos. Y no sería lógico desprendernos de la
silla, pero sí es justo fabricarlas en función del cuerpo y no solamente
de criterios estéticos.
Siempre estamos a tiempo de conocer reales
capacidades de movimiento de nuestro cuerpo y de tratar de mantenerlas
libres de tensiones musculares para toda la vida.
Desafortunadamente no nacemos con un
manual de instrucciones para aprender a mover nuestro cuerpo, pero sí
existen métodos de autoconciencia de sus estructuras y de las funciones
del movimiento, y a través de ejercicios y manipulaciones podemos
contrarrestar la presión social y la presión de nosotros mismos sobre
nuestro cuerpo. Somos el cuerpo y necesitamos conocernos.
La falta de flexibilidad corporal se
mejora con ejercicios de tipo postural, pero desde el punto de vista
químico no podemos eludir nuestra responsabilidad frente a la
alimentación, porque si los componentes químicos del cuerpo no están en
orden difícilmente podamos corregir nuestros defectos posturales con
voluntad. Una persona mal alimentada no tendrá la energía suficiente
como para realizar determinados movimientos, la falta de componentes
esenciales del organismo, no puede ser compensada solamente con
intenciones intelectuales.
El movimiento es la expresión de la vida
de un cuerpo. Mientras el músculo cardíaco bombee y el músculo
diafragmático nos haga respirar, más allá de nuestra voluntad, algo es
seguro: estamos vivos. Pero nadie goza de una vida plena si vive lleno
de ataduras.
Los músculos tensos esconden emociones,
formando una coraza muscular que nos aísla del contacto con otras
personas y encierra a nuestros problemas dentro del propio cuerpo.
Cuando un felino se ve en riesgo, eriza el
lomo, cuando una persona se ve emocionalmente comprometida ante una
situación de riesgo, tensiona su musculatura espinal. De ahí que el
dolor de cuello y espalda sean tan comunes en nuestros días.
Cuando el hombre primitivo se tensionaba
ante el peligro, gastaba toda esa energía acumulada en los músculos, ya
sea para la huida o para la lucha. Hoy los motivos que nos cargan de
energía son distintos, y nos es muy difícil descargarlos radicalmente de
nuestro cuerpo por medio de movimientos físicos. Por lo tanto esa
tensión energética queda dentro nuestro, produciendo acortamientos
musculares que cambian los ejes de nuestros huesos y produciendo
incongruencia entre las articulaciones, las que a través de los años se
desgastan innecesariamente dando origen a los procesos artrósicos, que
nos son otra cosa que la reacción biológica del organismo.
Al aumentar la carga articular en un punto
determinado, el cartílago se destruye y es reemplazado por tejido óseo,
que no es flexible como el anterior, provocando una deficiencia de la
movilidad en la articulación con el consecuente dolor. Esta es la
explicación biológica de cómo el maltrato de nuestro cuerpo a través de
un mal manejo de las emociones, termina formando una patología concreta.
Cuando alguien consulta o se pregunta por
qué le duele siempre su espalda, espera alguna respuesta casi mágica
donde una sola causa sea el motivo de este dolor o padecer. Como la
respuesta no existe desde ese punto de vista, nunca se encuentra una
solución definitiva. Son muchos los motivos que hacen que la mayoría de
las personas padezcan de dolor de espalda, acompañado de dolor de cabeza
o de sensación de vértigo y mareos. Si bien este triángulo de síntomas
pueden alternarse, existe siempre el predominio de uno, cuando el dolor
de cabeza es más frecuente nos encontramos con un paciente con una
personalidad definida, distinta a la del que padece más dolor de espalda
o a aquel que se ve sometido a vértigos y mareos por encima de los otros
dolores. Su carácter difiere substancialmente de los otros, pero todos
tienen algo en común y característico: el componente emocional.
Las emociones están conformadas por
sentimientos de distinto tipo, los sentimientos a su vez están
conformados por distintos tipos de sensaciones que el cuerpo produce
como respuesta a estímulos externos e internos. El cuerpo siempre se
halla en la búsqueda del placer, a través de la satisfacción de sus
necesidades, desde las más básicas como alimentarse, respirar y moverse,
hasta las más sofisticadas como formar pareja, reproducirse o auto
realizarse. La armonía se produce entonces con la satisfacción de estos
sentimientos que se conducirán hacia el exterior, a través de emociones
de satisfacción.
Pero como todos sabemos que la vida es
compleja y lograr satisfacer nuestras necesidades es difícil, se
producen entonces sentimientos tales como el enojo o la ira que muchas
veces se observan como emociones de tristeza.
Siempre que una persona pueda manifestar
su tristeza y expresarla hacia el mundo exterior, tendrá la certeza de
que alguna vez también podrá expresar su alegría y felicidad, porque su
personalidad está integrada con el cuerpo y éste es expresivo. Parece
fácil, pero no lo es, no estamos acostumbrados a sentir en nosotros
mismos, y a no observar a las personas que nos rodean. Aquí comienzan a
entrelazarse las tensiones musculares y los estados psicológicos. Cuando
una persona va a expresarse, siempre lo hace a través de su cuerpo, no
solo como movimientos ostensibles, sino fundamentalmente con gestos, lo
que se produce por estados naturales y normales de tensión de los más de
600 músculos y envoltorios que nuestro cuerpo tiene, y que conocemos
como tonicidad o tono.
El tono fundamentalmente expresa
sentimientos y tal como la entonación en una palabra, da sentido, por
ejemplo: cuando un niño pregunta si está mal lo que hizo, y su padre con
un “no”expresado con ternura y tranquilidad lo aprueba, puede ser
placentero. Pero si la pregunta es si lo quieren, un “no” fuerte y seco,
puede ser una daga en sus sentimientos. La respuesta siempre fue un “no”
con igual sentido, pero en función de la pregunta, cambió, y con su
entonación causó placer o lastimó.
En los músculos ocurre lo mismo, se mueven
siempre de igual manera, pero su tono determina qué emoción descarga.
Por ejemplo: en un apretón de manos, no sentimos lo mismo de una mano
firme, con buen tono, que de una mano floja que expresa desconfianza o
rechazo.
Los músculos expresan emociones que se
originan en los sentimientos pero, como sabemos, no siempre expresamos
nuestros sentimientos, por lo tanto habrá tensiones musculares que
impedirán a cada sentimiento expresarse libremente. Así, el sentimiento
reprimido origina un conjunto de tensiones musculares alrededor del
gesto que expresa sin trabas una emoción. Por ejemplo: aquel que se
halla privado de decir “no” a un superior, o a una situación que no
puede rechazar a pesar de sus sentimientos. Si esta posición se prolonga
en el tiempo, en su cuello aparecerán dolores que se hacen crónicos.
Existen muchísimos movimientos que son inhibidos en nuestro cuerpo,
provocando la incapacidad de expresar emociones. Nuestra cultura actual
nos obliga al cuidado de la imagen social, lo que no permite expresar
abiertamente nuestros sentimientos. Esto es sólo una de las causas de
los padecimientos o dolores corporales, pero debe tomarse como un factor
determinante.
Cuando el hombre en su antiguo estado
salió del agua para convertirse en un ser terrestre, lo hizo como un
reptil, así su morfología era absolutamente distinta a la que conocemos
hoy. Por ejemplo: su sistema muscular era mecánicamente muy primitivo,
hasta tal punto que el cuello estaba conformado por músculos en forma de
láminas que lo rodeaban, y esas láminas se han transformado hoy en
músculos claramente diferenciados, con distintas secciones que pueden
producir movimientos muy precisos y mucho más importantes como el de
sostener la cabeza en vertical. Un ejemplo de esto es lo sofisticado que
significa colocar la cara de modo frontal ante otro semejante, y
mientras tanto comunicarse con gestos y desarrollar palabras
articuladas con la boca y la lengua, combinar los movimientos del cuello
y los ojos para apuntar la mirada en función de algún objetivo, o por
ejemplo ante una complicada tarea manual, combinar la posición del
cuello, la ubicación de los ojos y el movimiento de la mano.
Siempre existió para el hombre la
necesidad de elevarse, y de reptil pasó a cuadrúpedo, cambiando su
visión sobre el mundo. Luego siguió con la posición semierecta, es decir
parado sobre los miembros posteriores, tratando de dar libertad a los
miembros anteriores, y aquí comienza el principio del increíble
desarrollo de su inteligencia. Cuando sus miembros anteriores se
liberaron de la dura tarea de cargar el peso corporal y empezaron a
servir de apoyo, quedaron libres para comenzar a crear utensillos y
elementos que cambiaron la vida del ser primitivo.
Puede considerarse a las manos como la
verdadera expresión del cerebro. Mientras que en la actualidad el hombre
puede explotar sólo el cinco por ciento de la capacidad de su cerebro,
la posición erecta (la que hoy todos tenemos) es casi la consagración
definitiva del esqueleto frente a la acción de la gravedad, pero aún nos
faltan algunos acomodamientos que se van a producir a través de los
próximos cientos de miles de años. Esto explica por qué la artrosis es
un elemento común en la evolución del hombre, y por qué los dolores de
espalda, cabeza, nuca y los mareos son de tanta vigencia. Cuando el
hombre pasó de la cuadrupedia a la bipedestación, disminuyó el consumo
de energía en fines posturales, de un cuarenta por ciento del total a
sólo un dieciocho por ciento, esto significa que la optimización del
consumo energético que el hombre logró durante su milenaria evolución,
no es una conquista de la cual todos los hombres y mujeres saquen
provecho cotidianamente en un cien por cien.
Cuando un individuo se pone de pie con la
cabeza por delante del eje de su pecho, éste se halla hundido, la
espalda curva y los hombros caídos, de modo que está consumiendo energía
en un porcentaje mucho mayor que ese dieciocho por ciento que la especie
humana supo conquistar y que se considera óptimo. La inadecuada forma de
usar el cuerpo en nuestras actividades diarias, lleva, inexorablemente,
a un desajuste de nuestros ejes corporales que, de la misma manera que
si se tratase de un edificio, cuando no se corresponden, parece que el
derrumbe es inminente. Los seres humanos no nos derrumbamos, pero sí
generamos tensiones musculares que soportan este intento de derrumbe del
esqueleto ( al igual que los tabiques apuntalarían a un edificio para
demolición), formando contracturas y verdaderos mapas de tensiones
musculares que se reflejan en dolores y en la pérdida de flexibilidad.
El mal uso de la postura, como recién,
hemos visto, produce un malgasto de las energías, y el estar siempre
cansado (con fatiga crónica), aparece casi como un estigma de nuestros
tiempos. La frase “estoy cansado” o “no doy más”, suenan en nuestros
oídos varias veces en el día y casi siempre son correspondidas por un
“yo también estoy cansado”.
Es bueno saber distinguir el cansancio
físico normal, del de un estado de fatiga crónica. En primer lugar el
cansancio provocado por un esfuerzo físico, como por ejemplo una mudanza
o simplemente un día al aire libre debe reponerse con un sueño de siete
u ocho horas, dejando solamente algunas molestias de tipo muscular,
cuando el estado físico no es el adecuado, y que deberían desaparecer
definitivamente en el término de dos o tres días. Cuando existe un
esfuerzo físico que lo justifique, las causas deben buscarse en
distintos órdenes. En el nivel psicofísico se puede observar que cuando
se realiza una tarea que no produce satisfacción, o bien la produce y no
están dadas las condiciones para disfrutarla, todos los movimientos que
realizamos por pequeños que sean, se producen con un exceso de tensión
muscular que lleva un innecesario gasto de energía extra.
Por otra parte, la tensión muscular se
transforma en un hábito crónico que altera el normal desempeño de las
articulaciones, y no tardan mucho en llegar entonces, los dolores
generalizados. La normal circulación interna de los músculos se ve
disminuida, produciendo una mala oxigenación a nivel de cada una de las
células que obliga a aumentar el esfuerzo para realizar tareas simples.
Las zonas más afectadas por tensiones y dolores son el cuello y los
hombros, irradiando dolores hacia la cabeza, produciendo a nivel del
consciente un estado de agotamiento que completa el estado crónico de
fatiga. Sin oxígeno suficiente, la combustión metabólica es pobre y el
cuerpo refleja una dinámica también pobre, fácilmente detectable.
Por el tono que rodea a la persona, desde
el nivel químico, puede observarse que la persona produce una
microtranspiración permanente y con el correr de las horas puede llegar
a un estado de semideshidratación. La pérdida de agua se observa también
a nivel de la sangre, la cual se halla condensada y cuya circulación se
hace mucho más lenta, por lo tanto, nuevamente disminuye la oxigenación
del organismo. En esta transpiración permanente se pierde hasta un
setenta por ciento de los minerales esenciales que logran la relajación
de los músculo, concretamente, el magnesio y el potasio. Si tenemos en
cuenta que estos elementos participan a su vez en la formación y
liberación de energía, es lógico entender que el estado de cansancio va
a ir en aumento.
La fatiga crónica se caracteriza por una
postura reconocida por la espalda curva o vencida, provocada por la
falta de capacidad de sostén de los músculos espinales que junto a sus
envoltorios pueden mantener vertical a la columna vertebral. A medio
plazo se producirán dolores de cabeza, cuello y de espalda. Ante estas
posiciones vencidas que potencian todas las sintomatologías antes
descriptas, que a principios del siglo parecen una epidemia social,
algunos de los pilares donde se asienta su recuperación son: la
modificación de la predisposición a la actividad laboral, una mejora de
las relaciones afectivas sumada al control postural y al aumento de
minerales en la dieta.
Los índices de ausentismo laboral,
aumentan hasta tal punto, que sólo en los Estados Unidos, 90 millones de
personas padecen dolor de espalda en forma aguda, por lo menos una vez
al año. Si bien en el resto de los países los porcentajes varían según
las estadísticas , siempre son parecidos y a veces hasta mayores y esto
sería más del cincuenta por ciento de la población activa.
Las siguientes situaciones son
planteamientos que uno se puede hacer para saber cuál es su estado de
fatiga y si realmente ha llegado a la fatiga crónica. En el primer nivel
a la persona le cuesta salir de la cama y enfrentar las situaciones
cotidianas, siente que su cuerpo no tiene fuerza y trata de ocupar su
mente con más tareas de las que realmente puede realizar. Cuando esto
se profundiza se llega a un segundo nivel, donde a dichos síntomas se le
suman una sensación de depresión durante los fines de semana, una
disminución de peso sin explicación y aparición sistémica del dolor
crónico en la cabeza y en la espalda. En el último nivel, el tercero, la
persona se siente enferma y no sabe qué es lo que tiene, está altamente
irritable y de alguna manera siente que su vida peligra y –sintiendo
además- que nadie la entiende. En realidad es la persona la que no se
entiende a sí misma.
El dolor de espalda o de cabeza, los
mareos o la fatiga crónica, son síntomas a través de los cuales el
cuerpo expresa una petición de auxilio en esta extremadamente
individualista sociedad actual. Quienes se rezagan en la loca carrera
por el éxito, quedan aislados en su propio individualismo, como una
expresión excesiva de su ego, el cual trata de despegarse del cuerpo
como si éste fuese una carga demasiado pesada. Pero en algún lugar y en
algún momento, los síntomas del dolor de cabeza y de espalda, los
mareos y el vértigo, nos recuerdan que nosotros somos el cuerpo. En la
medida que no se satisfagan nuestras necesidades corporales, siempre
tendremos molestias que nos recordarán que por más éxito material que
obtengamos , no podemos ser felices.