VÉRTIGOS Y MAREOS
Es sorprendente cómo en los últimos años aumentaron las
consultas de personas que padecían vértigos y mareos. En realidad, nadie
debería sorprenderse si se tiene en cuenta que el incremento se produce
fundamentalmente en las grandes ciudades. Aunque no existen estadísticas
ciertas, el crecimiento está relacionado con el estrés que se vive en los
gigantes de cemento. En un principio, el paciente se resiste a comentar lo
que siente, cuando se atreve recibe la solidaridad de la gente que lo rodea,
pero cuando la situación se prolonga en el tiempo, inmediatamente puede
observarse el fastidio y luego la incredulidad de quienes en el comienzo lo
apoyaban. Como consecuencia, el paciente se retrae y la soledad del problema
comienza a ser parte de la patología. Teniendo siempre en cuenta que las
emociones son la causa principal ( a esto me refiero más extensamente en las
próximas líneas), no sólo la soledad que vive el paciente es parte del
problema, se le suma además, la dificultad de dar con un correcto
diagnóstico. Es muy común que a través del tiempo, el peregrinaje por
especialistas y sofisticados estudios sea interminable, especialmente cuando
en apariencia todo está bien y no hay ninguna patología visible, situación
que lleva al paciente a la incredulidad, perdiendo el propio juicio sobre lo
que sucede, manifestando que ya no entiende ni a su propio cuerpo.
Es obvio que la ansiedad va en aumento. Precisamente,
si algo caracteriza a todos los pacientes vertiginosos, es su personalidad
ansiosa que por supuesto data de antes de que se produjeran los mareos, pero
frente a éstos la ansiedad llega a su máxima expresión. Tratando de unir el
concepto biológico y el psicológico , nunca un síntoma como el vértigo y los
mareos traducen una sensación física tan parecida a la misma situación que
se vive emocionalmente. El paciente en general está atravesando una etapa de
cambio emocional significativo. Por ejemplo, frente al casamiento o a la
pérdida de trabajo, la llegada de un hijo, al finalizar los estudios y
comenzar una carrera profesional, la inestabilidad de la nueva situación se
transforma concretamente en una inestabilidad física expresada por su cuerpo
a través de los mareos...ésta sería una explicación muy teórica si no la
sustentamos con el proceso biológico subyacente. La situación descrita que
refiere como “no perder la cabeza” ante una situación emocional desconocida,
es precisamente la de los músculos del cuello que son los responsables de
mantener el equilibrio de la cabeza. En ésta se encuentran nuestras
principales fuentes de comunicación con el medio externo: la mirada y los
oídos.
Los músculos del cuello son los únicos en todo el
cuerpo que se conectan con el sistema regulador de equilibrio en forma
doble. Todos los demás músculos poseen una conexión simple. El sistema
regulador de equilibrio utiliza la información de los músculos del cuerpo,
en general, para procesarla del resto de la información proveniente de oídos
y vista y conformar así la ubicación del cuerpo en el espacio.
Como una suerte de preponderancia biológica, el doble
sistema de conexión de los músculos cervicales nos está marcando la
importancia de éstos en la regulación del equilibrio, cuando una persona se
halla emocionalmente ansiosa tiende a contraer los músculos que unen la
cabeza con los hombros y tensiona toda la musculatura que va desde la nuca
hasta la parte más elevada de los hombros...ésta es la clara actitud de
agresividad ( igual que la de algunos animales que erizan el pelo de su
lomo para intimidad en forma agresiva a su posible rival), por supuesto
contenida en el hombre moderno. Este gesto que hacemos los seres humanos de
acercar los hombros a la cabeza y tensionar la nuca, es un resabio del gesto
que usaba el hombre primitivo durante sus actos de caza. La tensión de
hombros y nuca servía , en aquel entonces, para dar punto de apoyo a su
poderosa mandíbula que estaba mucho más desarrollada que la que poseemos
hoy y que se constituía en su principal arma.
Es sabido que la memoria ancestral de la historia
filogenética está guardada en la parte más primitiva de nuestro cerebro,
conocida como lóbulo límbico. Seguramente, hoy son otros los motivos por los
cuales una persona quisiera morder, pero afortunadamente entre los adultos
eso ya no se hace y se suprime, por supuesto que con mucha más tensión , en
la zona crítica. Pero en los niños, en los cuales la educación social aún no
se ha producido, es común ver estos mordiscos que a veces producen en sus
juegos o cuando se enojan.
No hay duda de que el hombre o mujer de una ciudad
moderna, que se precie de serlo, varias veces en la semana se queja de su
tensión cervical y todos sabemos de la agresividad que se vive en las urbes
de alta densidad de población. Esta tensión cervical excesiva se transforma
en un incesante flujo eléctrico conducido a través de los nervios que, en el
caso de los músculos cervicales es un doble sistema nervioso que lo conecta
con el sistema regulador del equilibrio corporal. Éste va a obtener tanta y
tan excesiva información que las señales de corrección que va a realizar a
posteriori, se traducen en sensaciones equivocadas es entonces cuando se
producen los vértigos y mareos. La situación se va a ver potenciada por la
presión que los músculos cervicales ejercen en el cuello, sobre las
arterias que van hacia el cerebro, fundamentalmente las arterias vertebrales
que se hallan en la región de la nuca y que son responsables del cuarenta
por cuento de la irrigación total del cerebro, pero que además son las que
esencialmente irrigan todos los elementos que participan en la regulación
del equilibrio. Cuando la irrigación o el flujo sanguíneo se ven
disminuidos, la sintomatología de vértigos y mareos se acompaña con
molestos zumbidos y una disminución de la capacidad auditiva.
Es cierto que a esta sintomatología se le agrega el
dolor cervical que es otro signo que casi siempre aparece en estos cuadros,
pero tampoco sería extraño que esté ausente, hecho que no invalida la
existencia de mareos. Puede haber tensión cervical sin dolor pero con
mareos.
Esta situación de ansiedad-tensión-mareos-ansiedad,
forma un círculo vicioso que no remite con facilidad. El paciente comienza a
convivir con el cuadro soportando esta situación de forma crónica a veces
durante años y su vida comienza a restringirse especialmente en lo social,
ya que suelen ocurrir verdaderos ataques de pánico cuando un episodio sucede
en público, cosa que es bastante común. El paciente refiere situaciones en
las que creyó que iba a perder el conocimiento o como dicen sus
protagonistas “sentí que me desmayaba”. Los lugares comunes son los grandes
almacenes o supermercados, estos espacios poseen excesivos estímulos
sensoriales como por ejemplo, luces, sonidos y un altísimo tránsito humanos
en distintas direcciones que produce una verdadera irritación sensorial. Lo
primero que siente el sujeto es la sensación de estar desorientado, luego le
sobreviene aturdimiento con sensación de inestabilidad, la persona comienza
a ponerse virtualmente fóbica y produce una descarga de adrenalina que
genera transpiración, palpitación, ahogo y aumento de la frecuencia
respiratoria que culmina con una insoportable sensación de claustrofobia, si
no se retirase del lugar sin duda la persona entraría en pánico.
Paralelamente, siente primero que su cuerpo se pone muy tenso y luego una
sensación de flojedad a la que podría sobrevenir la sensación de desmayo,
hecho que paradójicamente casi nunca ocurre. Los aeropuertos y cines son
otros lugares en los que se suelen experimentar incidentes de este tipo. Es
importante explicar a quien padece estos síntomas, que la tensión de los
músculos cervicales a través de los mecanismos de confusión sensorial e
hipoflujo sanguíneo transitorio, provoca mareos, pero los síntomas
similares al desmayo que se caracteriza por la flojedad y la sensación de
ahogo, son provocados en forma secundaria por el temor e inseguridad
suscitados por la aparición repentina del mareo. En este momento hay una
fuerte descarga de adrenalina,, sustancia que es segregada por las glándulas
suprarenales y que produce sudoración, palpitaciones y aumento de la
frecuencia respiratoria preparando al cuerpo para un estado de alerta o gran
estrés. Inmediatamente sobreviene la descarga de otra hormona conocida como
noradrenalina, que es segregada por la misma glándula pero con el efecto
contrario, es vasodilatadora y tiende a disminuir toda la tensión provocada
antes, y es entonces cuando aparece esa sensación de flojedad y desmayo. El
malestar subsiguiente, o sea la sensación de desmayo, confunde el
diagnóstico ya que la persona, atemorizada, hace su consulta médica sobre la
base de un desmayo o una bajada de tensión que ocurrió varias veces en un
período muy corto. Cuando el paciente entra en esta etapa de gran miedo
tiende a no salir de su casa y prefiere estar siempre en la cama, pues la
considera un lugar seguro. Si sale a la calle suele hacerlo acompañado, pero
a pesar de esto se halla temeroso. Esto es mucho más común de lo que uno
cree, pero no tan conocido, ya que tanto el paciente como la familia
tienden a no divulgar esta penosa situación. La depresión suele acompañar
inmediatamente a esta sintomatología, y es precisamente a partir de aquélla
cuando comienzan a aflorar los verdaderos y profundos síntomas emocionales
que habían generado tanta ansiedad.
Cuando la depresión se hace más intensa el paciente
siente que su cuerpo ya no responde con energías suficientes. Existe un
virtual estado de desconexión entre la intención y el cuerpo, la persona
aumenta entonces su preocupación, ya que no puede cumplir con sus demandas
laborales y hogareñas. La ayuda psicológica es imprescindible para superar
este estado.
Desde el enfoque kinesiológico, la solución a nivel
músculo facial está basada, primero, en la disminución de la tensión
muscular, luego en la limpieza del tejido fibroso que se produce entre los
músculos y por último, en la alineación de los ejes de la columna cervical
y de ésta con respecto al resto de los segmentos corporales. La técnica de
elongación manual selectiva suele dar importantes resultados en las primeras
tres semanas, con una fuerte disminución de la sintomatología.
Todos sabemos que tenemos un ojo dominante sobre el
otro, esto significa que un ojo hace foco y el otro se acomoda, pero cuando
esto se dificulta se produce una patología conocida como astigmatismo.
Concretamente, los problemas en la acomodación visual frente a un punto
determinado del campo visual. Es común que el paciente vertiginosos sufra de
astigmatismo con anterioridad a la aparición de los síntomas. Recordemos que
los músculos cervicales toman como referencia para acomodar la cabeza en el
plano vertical que la mirada tenga un plano horizontal paralelo al suelo,
por lo que cualquier alteración en el campo visual, y fundamentalmente en la
acomodación, será compensada con ajustes en los músculos del cuello. De
ninguna manera se debe esperar de aquel que sufre vértigos, que tenga
necesariamente problemas de acomodación visual, pero sí es un dato para
tener en cuenta.
Otro elemento a considerar, desde el punto de vista
biológico, es la tensión de los músculos, que se ve aumentada cuando
sentimos frío en forma intensa y, particularmente, con los primeros fríos
del año, cuando aún el cuerpo no se halla adaptado a las bajas
temperaturas. Y si bien estas circunstancias provocan un aumento de la
sintomatología, es imposible que produzcan vértigos por sí solas.
Las líneas precedentes tratan de dar una explicación
biológica y psicológica, pero nos falta aún acomodar toda esta
sintomatología en un contexto social, que fue en realidad con lo que
habíamos empezado este artículo.
Desde el punto de vista de la transmisión cultural, la
idea de bajar la cabeza significa humillación o humildad , mientras que la
idea de levantarla comunica dignidad. Todas las religiones proponen bajar la
cabeza ante Dios como muestra de humildad y, así, reconocerlo como un ser
superior. Desde que el poder existe entre los hombres, bajar la cabeza ante
el que lo sustenta ha sido un signo de dominio y humillación, por el
contrario mantener la cabeza firme y erguida como los soldados en su
formación, es un signo de dignidad. “Esconder la cabeza” o “llevar la frente
bien alta” son dos conceptos que han tenido un claro sentido y vigencia
desde siempre.
Sin querer, la cultura popular ha dado un trabajo extra
a los músculos cervicales y fundamentalmente a los de la nuca. En nuestros
días, donde priva el individualismo, un cuello rígido, a pesar de ser
causante de dolor es un símbolo de éxito, y una cabeza caída es una
expresión de fracaso. Claro que esto no es casualidad, los primeros músculos
que aprendemos a mover en forma voluntaria son precisamente los músculos del
cuello, y esto ocurre generalmente en los tres primeros meses de vida. Pero
ya de adultos siguen siendo los músculos del cuello los responsables de
mostrare nuestra voluntad ante la sociedad.
El vértigo y el mareo se definen como sensaciones
subjetivas donde la persona siente que los objetos se mueven, a pesar de
tener conciencia de que esto no ocurre, por lo tanto es un problema de
percepción. La percepción es precisamente un paso intermedio entre las
sensaciones y el pensamiento y, como hemos visto, son muchos los elementos
que se pueden influir en este paso intermedio. Siempre desde la
subjetividad, pero en forma concreta existe el malestar, y de la misma forma
se debería actuar frente a él.
CARACTERÍSTICAS DE LOS EPISODIOS DE VÉRTIGO
Nivel 1:
Fuerte sensación de inestabilidad de corta duración,
apenas unos segundos, lo origina alguna emoción fuerte o un cambio brusco de
la posición de la cabeza. Se refiere con frases como: “sentí que se me movía
el suelo”, “sentí que me movieron la cabeza”.
Nivel 2:
Sensación de inestabilidad prolongada que dura casi un
minuto, seguido de sudoración y palpitaciones por una fuerte descarga de
adrenalina ( producto del susto y no de la tensión cervical que es el origen
del mareo). Suele ocurrir en lugares muy concurridos ( grandes almacenes y
supermercados). Desaparece saliendo de los lugares mencionados y deja una
desagradable sensación similar a una bajada de tensión arterial.
Nivel 3:
Inestabilidad casi permanente: desaparece sólo en la
cama. Hay estado de aturdimiento y gran temor. El paciente refiere “que
camina sobre algodones” o “que está en las nubes”. Percibe al entorno con
una extraña sensación de irrealidad que contrasta con que nunca hay pérdida
de la conciencia ni de lógica.
Nivel 4:
El paciente vive en un estado de ansiedad permanente.
Aprende a vivir con los episodios. La contractura cervical no le parece
motivo suficiente como para padecerlos. Este equívoco desorienta el
tratamiento y la situación se vuelve crónica. Existen pacientes que conviven
con ella durante años alternados con ciertos períodos de calma.
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